COMPORTAMIENTO EN LA ADOLESCENCIA

Comportamiento en la Adolescencia

Por: el Lic. Walter Zapata Legrand

Este corto ensayo, está dedicado a una amiga, que con compromiso y tratando de mejorar los comportamientos de los adolescentes, me solicito mi intervención en el tema.

No es algo que en mi caso tenga muy presente como profesional, pero si lo puedo observar desde mi humilde actuación como padre de adolescentes.

En nuestra sociedad actual existe, como nunca antes había existido, una marcada necesidad de entender al adolescente. Han sido los rápidos cambios sociodemográficos y culturales de los últimos años los que, al ocasionar a su vez una profunda modificación en las conductas, las actitudes y los roles de la población en general, los que han generado como consecuencia una mayor incomprensión por parte de padres y educadores de la conducta adolescente.

Los medios de comunicación nos ofrecen con bastante frecuencia información sobre comportamientos extremadamente violentos llevados a cabo por adolescentes, la televisión presenta programas basados en la intervención con adolescentes y jóvenes que tiranizan a las familias. No obstante, la inmensa mayoría de los adolescentes no presentan problemas y los que los presentan, en su gran mayoría ya eran niños conflictivos. Pero aun así, tanto los padres como los educadores se enfrentan día a día con retos o desafíos ante conductas que les resultan muy difíciles de entender y sin saber, a menudo, cómo actuar.

De todo ello se deriva una relevante preocupación en padres, profesionales y educadores de comprender al adolescente. No se trata de una preocupación centrada exclusivamente en detectar y entender los problemas que pueden aparecer en esta etapa del desarrollo, sino que también existe en ellos un marcado interés en la comprensión de las conductas cotidianas, las que podríamos llamar, normales.

Todo adulto sabe, que en la adolescencia es el momento en que se desenvuelve la independencia del individuo. En su mayoría, estos jóvenes ejercitan su independencia poniendo en duda y quebrantando las normas, más en estos tiempos, donde se ha visto restringido la posibilidad de sociabilizar en forma personal y ha aumentado la presencia digital, por el caso puntual, de una pandemia mundial.

Los padres, educadores y profesionales, han de diferenciar los errores de juicio esporádicos de una mala conducta que requiere tratamiento profesional. La gravedad y la frecuencia de las infracciones son indicios. Como muestra, podemos observar temas como: beber con regularidad, estar involucrado a menudo en peleas, y los hurtos son mucho más significativos que los episodios aislados de estas mismas faltas. Otros signos de alarma son el empeoramiento del rendimiento escolar y las fugas del hogar. Otro motivo a tener mayor control es cuando: los adolescentes causan lesiones graves a otros o que usan armas en una pelea.

Dado que los adolescentes son más independientes y volubles que cuando eran niños, frecuentemente quedan fuera del control físico directo de los adultos. En estas circunstancias, el comportamiento de los adolescentes está determinado por “su propio código de moral y de conducta”.

Los padres, normalmente actúan como guías en las acciones de los adolescentes, en lugar de controlarlas directamente. Los adolescentes que sienten afecto y apoyo por parte de sus padres son menos propensos a mantener comportamientos imprudentes. Además, los adolescentes cuyos padres les transmiten expectativas claras relativas al comportamiento infantil y muestran los límites de forma consistente y los supervisan, tienen menos probabilidades de que sus hijos adolescentes sigan conductas osadas. El estilo familiar, basado en la confianza, favorece que los niños y adolescentes, participen en la configuración de expectativas, proyectos, propósitos y el establecimiento de reglas familiares. Con este estilo de formación de los hijos, en oposición a la crianza autoritaria, o la paternidad permisiva, es más probable promover comportamientos maduros.

Por lo general, cuando la intervención paternal se basa en la autoridad, los padres utilizan un sistema de concesiones gradual, en el que al principio se les da a los adolescentes pequeñas fracciones de responsabilidad y libertad, como cuidar de una mascota, hacer labores domésticas, comprar su propia ropa, decorar su cuarto o gestionar su paga. Si los adolescentes manejan esta responsabilidad de forma apropiada durante un periodo de tiempo, se les conceden más responsabilidades y más privilegios, como salir con amigos sin supervisión paterna o conducir el automóvil familiar. En cambio, una actuación poco juiciosa o irresponsable conlleva la pérdida de concesiones. Cada nueva concesión requiere una vigilancia estrecha por parte de los padres para asegurarse de que los adolescentes cumplen con las reglas previamente pactadas.

Algunos padres con sus hijos adolescentes se desafían por casi todo. En estas situaciones, el punto central es el control. Los adolescentes quieren sentir que tienen el control de su vida y los padres quieren que los adolescentes sepan que siguen poniendo las reglas. En estas situaciones, los padres seleccionan los frentes, concentrando sus esfuerzos en las acciones de los adolescentes, como asistir a la escuela y cumplir con las tareas domésticas, más que en sus exposiciones, como su atuendo, su peinado o su entretenimiento preferido.

Los jóvenes con comportamiento peligroso o de todo punto inaceptable, a pesar de los mejores esfuerzos de sus padres, requieren ayuda profesional. El consumo de sustancias o drogas es un desencadenante frecuente de los problemas de comportamiento y supone trastornos que requieren un tratamiento específico. Los problemas de comportamiento también pueden ser síntomas de trastornos de aprendizaje, depresión u otros trastornos mentales. Estos trastornos suelen requerir asesoramiento y los trastornos de la salud mental a menudo también requieren tratamiento con medicamentos. Si los padres no consiguen reorientar la conducta peligrosa de un adolescente pueden solicitar ayuda profesional o, según la práctica y usos de cada país, la designación legal de un tutor u orientador que contribuya al refuerzo de unas reglas domésticas.

TRASTORNOS DEL COMPARTAMIENTO ESPECIFICOS:

Los trastornos disruptivos del comportamiento son frecuentes durante la adolescencia.

TRASTORNO DE HIPERACTIVIDAD O DE DEFICIT DE ATENCION

Es el trastorno de salud mental más frecuente de la infancia y a menudo persiste durante la adolescencia y la edad adulta. Sin embargo, los adolescentes que muestran dificultades para prestar atención pueden sufrir otro trastorno, como depresión o una discapacidad para el aprendizaje. Aunque el trastorno de déficit de atención/hiperactividad suele tratarse con fármacos estimulantes, de los cuales se suele abusar, este tratamiento no parece aumentar el riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de sustancias en individuos que reciben un diagnóstico adecuado de déficit de atención/hiperactividad. Por otra parte, algunos adolescentes refieren síntomas de falta de atención en un intento de obtener una receta para estimulantes, ya sea para ser utilizados como una ayuda para el estudio o como recreo.

TRASTORNO DESAFIANTE O DISOCIAL

VIOLENCIA

Los niños participan ocasionalmente en enfrentamientos de tipo físico. La frecuencia y la gravedad de las interacciones violentas pueden aumentar durante la adolescencia. Aunque se habla mucho de los episodios de violencia en la escuela, es mucho más probable que sea en casa y fuera de la escuela donde los adolescentes participan en episodios violentos (o más a menudo en amenazas de violencia). Muchos factores contribuyen a incrementar el riesgo de violencia entre los adolescentes

Hay pocas pruebas que sugieran la relación entre la violencia y defectos genéticos o anomalías cromosómicas.

La pertenencia a bandas se ha vinculado a un comportamiento violento. Las bandas juveniles son asociaciones de formación autónoma de tres o más miembros, generalmente de edades comprendidas entre 13 y 24 años. Las bandas suelen adoptar un nombre y unos símbolos de identificación, así como una determinada forma de vestir, el uso de ciertos signos con las manos o pintadas. Algunas bandas requieren que los miembros potenciales realicen actos indiscriminados de violencia antes de concederles la condición de miembros del grupo.

El aumento de la violencia de las bandas juveniles ha sido achacado, al menos en parte, a la implicación de las bandas en la distribución y el consumo de drogas, particularmente, paco, marihuana, cocaína y en algunos casos, heroína. En algunos países, las armas de fuego, son características frecuentes de la violencia de las bandas. En 2015, casi el 25% de los estudiantes varones de secundaria de Estados Unidos informaron de que llevaron un arma al menos una vez durante el mes anterior a su participación en la encuesta sobre factores de riesgo en los jóvenes. Un porcentaje mucho menor (4%) informó de haber llevado un arma a la escuela durante ese mismo período.

PREVENIR LA VIOLENCIA

Empieza en la primera infancia, con una disciplina exenta de violencia. También es beneficioso limitar la exposición a la violencia que aparece en los medios de comunicación y en los videojuegos, ya que se ha demostrado que la exposición a estas imágenes violentas desensibiliza a los niños ante la violencia y provoca que los niños acepten la violencia como parte de sus vidas. Los niños en edad escolar deben tener acceso a un ambiente escolar seguro. Los niños mayores y los adolescentes no deben tener acceso a las armas y se les debe enseñar a evitar situaciones de alto riesgo, y a utilizar estrategias para recuperar la calma en situaciones de tensión.

Es conveniente que quienes son víctimas de la violencia de las bandas cuenten con el estímulo adecuado para comentar con sus padres, sus profesores e incluso sus médicos los problemas que están experimentando.

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