La vida por el poder pues su pérdida se hace insoportable
MARTES 13 DE SEPTIEMBRE DE 2011 DIARIO EL TRIBUNO DE TUCUMAN.
La vida por el poder pues su pérdida se hace insoportable
por Walter Zapata Legrand* | http://walterzapatalegrand.blogspot.com/
El pensar, el saber o la sola idea de perder el poder sobre las personas y los hechos, les resulta insoportable a los hombres y mujeres que se obsesionan con el poder. Debido a que es en esa línea, la de ostentar el poder, en la que generan todos sus proyectos y medios de vida. Les resulta insoportable la pérdida del poder, se pueden llegar a sentir desvalidos y hasta miserables. Van a escuchar y leer varias interpretaciones con respecto a las elecciones pasadas, seguramente muchas de ellas con un muy buen acierto, con lecturas y análisis por demás acertados con respecto a los destinos a corto y largo plazo de la cosa pública. Pero en definitiva y al final, lo único que buscaban tanto ganadores como perdedores es hacerse del poder.
Les pregunto a algunos memoriosos: ¿recordarán algún discurso, aviso televisivo o radial o quizás algún afiche donde cualquiera de los candidatos exclamara claramente y a los cuatro vientos: “Yo quiero el poder”? No. Seguro no lo van a encontrar, porque a ese deseo o aspiración no hay que dejarlo entrever, porque no es ético, ni socialmente aceptado, por lo que hay que ocultar el deseo de poder.
Este juego de constante duplicidad entre buscar el poder y no dejar que se vea, se parece mucho a las antiguas cortes que rodeaban a las aristocracias de Europa.
A lo largo de la historia, las cortes siempre fueron formándose alrededor de la persona que ejercía el poder, un rey, una reina, un emperador o un dictador.
Por ejemplo en las sociedades del Medioevo las personas que componían esas cortes se encontraban en una posición particularmente delicada, tenían que servir al señor feudal, pero si se mostraban demasiado aduladores y cortejaban con demasiada obviedad, eran los integrantes de la corte los que de alguna manera se deshacían del adulador. Por lo tanto, los intentos de ganar el favor del Señor Feudal, debían ser muy sutiles, incluso los más hábiles cortesanos, capaces de tales sutilezas, debían protegerse de sus pares que intrigaban para desplazarlos.
Nuevamente, y disculpen la molestia, le pregunto a los lectores, cuál es la diferencia entre lo que acabo de contar de la vieja historia y la realidad actual. Si dijo a viva voz: ¡Ninguna!, acertó, ya que no es difícil darnos cuenta que nos parecemos mucho a esa sociedad medieval con sus mismos errores y política “poco democrática”. Esta administración llega al poder, con cortesanos... disculpen el lapsus... con funcionarios sospechados de corrupción y mejor no ahondar en la supuesta inconstitucionalidad de este tercer mandato. Pero no hay que olvidarse de la oposición, la cual fue nefasta y totalmente desarticulada, sin ideas, sin proyectos, sin una visión de lo que la sociedad tucumana, desea y necesita. Esta oposición que quiso demostrar que se abstenían de participar en el juego de la búsqueda del poder como si ello fuera obsceno, por la manera que hizo alarde de sus cualidades morales, de su altruismo o de su exquisito espíritu de justicia. Ya que todos tenemos ansia de poder (debemos confesarlo, y no está mal), y que casi todas nuestras acciones tienen por objetivo obtenerlo. Quienes dicen que no lo buscan sólo procuran encandilarnos y distraernos de sus juegos de poder a través de sus aires de superioridad moral. Podemos hablar horas y escribir miles de página, de las malas acciones que se llevaron a cabo para llegar al poder (bolsones, rifas, electrodomésticos, dinero, promesas de cargos, bingos, etcétera) pero esos son fuegos artificiales, que nos hacen estar mirando para otro lado y no para donde debemos mirar. El punto donde debemos fijar nuestra atención son las licitaciones, las obras públicas, el dinero que baja de la Nación a la Provincia, en definitiva las arcas del Estado, es ese el lugar al que hay que mirar. Hay un refrán con el que no estoy de acuerdo que dice: Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. ¿Por qué mi desacuerdo? Pues porque creo que no es sólo culpa de esta administración que ya ha cumplido un ciclo y se niega a reconocer su envejecimiento, y por lo tanto se niega a entregar el poder sino también de la inoperancia de la oposición, que no supo y no sabrá leer las demandas de esta sociedad, de manera de reclamar para sí el poder.
Por: Lic. Walter Zapata Legrand
Consultor en Geopolitica Comercial.
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